El Gobierno de México explora, desde Phoenix, Arizona, oportunidades para que empresas y talento nacionales participen en la cadena de semiconductores que se expande en ese estado de Estados Unidos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, realizó una visita de trabajo el 26 de agosto de 2026, sostuvo reuniones con autoridades, universidades y compañías del sector, y firmó con Arizona State University (ASU) un acuerdo para impulsar investigación, innovación, certificación y formación especializada.
La apuesta importa porque Arizona está construyendo uno de los polos más relevantes de manufactura avanzada en Norteamérica, con inversiones de TSMC, Intel y proveedores de equipo, materiales, empaquetado y servicios tecnológicos. Para México, la oportunidad más realista no consiste en fabricar de inmediato los chips más avanzados, sino en convertirse en proveedor confiable de procesos y productos que rodean a las plantas estadounidenses.
En breve
- La Secretaría de Economía busca vincular empresas mexicanas con el ecosistema de semiconductores de Arizona.
- Los eslabones con mayor viabilidad para México son diseño, ensamble, prueba, validación, empaquetado y proveeduría industrial especializada.
- El siguiente hito oficial será la participación mexicana en SEMICON West 2026, del 13 al 15 de octubre en San Francisco; todavía no existe un calendario público para una planta mexicana ligada directamente a Arizona.
Arizona está ampliando toda la cadena
La expansión de Arizona no se limita a una planta de fabricación. La Arizona Commerce Authority informó en julio que TSMC prevé añadir 100 mil millones de dólares a sus operaciones estatales, con cuatro fábricas adicionales de tecnología de 2 nanómetros o más avanzada. Con ello, la inversión total anunciada por la empresa en Arizona ascendería a 265 mil millones de dólares e incluiría diez fábricas, dos instalaciones de empaquetado avanzado y un centro de investigación y desarrollo.
Ese tamaño de proyecto genera demanda más allá de las obleas. Una planta de semiconductores requiere equipos de precisión, gases y químicos de alta pureza, sistemas de control, mantenimiento especializado, logística, metrología, software, servicios de ingeniería y proveedores capaces de operar bajo estándares estrictos. También necesita empresas que puedan validar componentes y procesos antes de incorporarlos a una cadena crítica.
La propia Secretaría de Economía reportó que durante la visita de Ebrard hubo diálogo con representantes de TSMC, Intel, ASM, Lawrence Semiconductor, Deca Technologies, la Arizona Commerce Authority y otros actores. El mensaje para México es claro: el acceso potencial está en la integración productiva, pero debe ganarse con capacidades comprobables.
Qué puede aportar México en el corto y mediano plazo
El primer eslabón viable es el diseño. La Secretaría de Economía informó en febrero de 2026 que una empresa instalada en Querétaro, QSM, avanzaba en el diseño y fabricación de semiconductores para distintas ramas industriales, con una expectativa de iniciar producción hacia finales de ese año. Ese caso no equivale a una industria nacional madura, pero sí muestra que el país puede construir capacidades de diseño y desarrollo de circuitos para aplicaciones específicas.
También existe una oportunidad en el llamado ATP: ensamblaje, prueba y empaquetado. Estos procesos no sustituyen a la fabricación de obleas, pero son esenciales para convertir un chip en un componente utilizable, comprobar su desempeño y asegurar su trazabilidad. México cuenta con experiencia en manufactura electrónica, automotriz, aeroespacial y dispositivos médicos, sectores donde ya existen operaciones de precisión, control de calidad y cadenas de exportación.
La validación puede ser otro punto de entrada. Empresas mexicanas podrían participar en pruebas eléctricas, térmicas y de confiabilidad; diseño de fixtures; metrología; automatización; software industrial; mantenimiento de equipos y certificación de proveedores. Para las pymes, esta ruta puede ser más accesible que construir una planta de fabricación avanzada, aunque exige inversión en laboratorios, personal especializado y sistemas de calidad reconocidos internacionalmente.
En proveeduría industrial, las oportunidades pueden abarcar materiales, componentes mecánicos de alta precisión, empaques, equipos de filtración, servicios de salas limpias, tratamiento de agua, energía, logística y mantenimiento. Sin embargo, la entrada no será automática por la cercanía geográfica ni por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Cada proveedor tendría que demostrar consistencia, seguridad de suministro, protección de propiedad intelectual y capacidad para cumplir especificaciones técnicas durante años.
Los estados con mayor posibilidad de participar
La Secretaría de Economía ha convocado a entidades de distintas regiones a los foros binacionales de semiconductores. En esos encuentros han participado representantes de Baja California, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Querétaro, Guanajuato, Tamaulipas y otras entidades. Esa participación no significa que todos tengan proyectos confirmados, pero sí permite identificar una red potencial.
Los estados fronterizos pueden aprovechar la menor distancia logística con Arizona y la experiencia acumulada en manufactura electrónica, automotriz y de dispositivos. Sonora y Baja California tienen una ventaja adicional por su proximidad y por sus vínculos industriales con Estados Unidos. Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas cuentan con proveedores metalmecánicos, eléctricos y de automatización que podrían reconvertirse o especializarse.
Jalisco aporta capacidades en diseño electrónico, software y manufactura avanzada, mientras que Querétaro combina ingeniería, aeronáutica, centros de investigación y el caso emergente de diseño de semiconductores. La oportunidad, por tanto, no debe concentrarse exclusivamente en la frontera: la cadena puede distribuirse entre centros de diseño, plantas de proveedores, laboratorios y operaciones de ensamble en distintas regiones.
El cuello de botella será el talento y la certificación
El acuerdo con ASU busca atender precisamente dos obstáculos: investigación aplicada y formación de talento. La universidad ya trabaja con instituciones mexicanas en microelectrónica y semiconductores, con programas para estudiantes, docentes y trabajadores. Esta cooperación puede ayudar a crear rutas de capacitación, pero no reemplaza la necesidad de laboratorios, profesores, equipos y programas técnicos permanentes en México.
La escala del desafío se observa en Arizona. La autoridad económica estatal reporta más de 90 proveedores de capacitación y 579 programas educativos y de entrenamiento relacionados con semiconductores. México deberá cerrar una brecha considerable en áreas como física de materiales, microelectrónica, nanotecnología, diseño asistido por computadora, control estadístico de procesos, química, mecatrónica y mantenimiento de equipo especializado.
Para las empresas mexicanas, la certificación será tan importante como el costo. Una pyme que quiera vender a un fabricante de semiconductores necesitará documentar procesos, controlar variaciones, asegurar lotes, proteger información técnica y sostener entregas. En otras palabras, la integración dependerá menos de ofrecer mano de obra barata y más de desarrollar proveedores capaces de operar como socios tecnológicos.
Qué falta para convertir la intención en proyectos
Hasta el 7 de septiembre de 2026, la información pública disponible describe una agenda de vinculación, inversión y formación, pero no anuncia una planta mexicana de fabricación avanzada asociada formalmente con TSMC o Intel en Arizona. La Secretaría de Economía sí ha señalado que busca acompañar oportunidades de inversión y facilitar conexiones entre compañías mexicanas y el ecosistema estatal.
El próximo punto de seguimiento será SEMICON West 2026, programado del 13 al 15 de octubre en San Francisco. Ahí México podrá presentar capacidades, buscar compradores y detectar qué proveedores están listos para una certificación. La diferencia entre una gira de promoción y una política industrial verificable estará en los resultados posteriores: empresas incorporadas a cadenas de suministro, contratos, proyectos de investigación, programas de capacitación y fechas de operación.
Para que la estrategia funcione, México necesita resolver cinco condiciones: financiamiento de largo plazo para pymes tecnológicas; energía confiable y competitiva; agua e infraestructura industrial; laboratorios de prueba y certificación; y una coordinación estable entre gobierno, universidades y empresas. También debe definir qué segmentos priorizará, en lugar de intentar cubrir toda la cadena al mismo tiempo.
La expansión de Arizona ofrece una ventana concreta, pero no garantiza la entrada de México. El país tiene ventajas en manufactura, ubicación y experiencia exportadora, aunque parte de una posición todavía incipiente en fabricación avanzada. La oportunidad consiste en escalar desde esas fortalezas hacia actividades de mayor valor agregado. El éxito se medirá cuando una empresa mexicana pueda entregar un componente, un diseño o un servicio certificado y repetirlo con la calidad que exige una fábrica de chips.
Fuentes consultadas
- Secretaría de Economía: acuerdo con Arizona State University y visita al ecosistema de semiconductores de Arizona, 26 de agosto de 2026.
- Arizona Commerce Authority: anuncio de expansión de TSMC en Arizona, 16 de julio de 2026.
- Secretaría de Economía: Séptimo Foro Binacional México-Estados Unidos sobre Semiconductores, 17 de julio de 2026.
- EL PAÍS México: cobertura sobre la estrategia mexicana para integrarse al crecimiento de semiconductores en Arizona, 6 de septiembre de 2026.
- Secretaría de Economía: avances reportados para el diseño y fabricación de semiconductores en Querétaro, 20 de febrero de 2026.