México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, pero detrás de ese dinamismo persiste un reto financiero para miles de pequeñas y medianas empresas (pymes) exportadoras: convertir sus ventas en liquidez disponible.
De acuerdo con datos del Departamento del Censo de Estados Unidos, durante el primer trimestre de 2026 México concentró el 16.3% del comercio total de mercancías de ese país, con un intercambio bilateral superior a 231,000 millones de dólares, lo que lo consolidó nuevamente como su principal socio comercial.
Peter Spradling, CEO y cofundador de Marco, plataforma de infraestructura financiera para empresas latinoamericanas con operaciones en Estados Unidos, explicó que vender al mercado estadounidense ya no representa el principal obstáculo para muchas compañías mexicanas; el verdadero reto consiste en disponer oportunamente de los recursos generados por esas operaciones.
“La oportunidad para las empresas mexicanas de hacer negocios con Estados Unidos nunca había sido tan grande. Sin embargo, vender ya no es el principal reto; hoy el desafío es convertir esas ventas en liquidez”, afirmó Spradling.
Además de los plazos de pago, que pueden extenderse entre 30 y 120 días, el comportamiento del tipo de cambio añade presión sobre la rentabilidad de las empresas exportadoras. Durante el primer semestre de 2026, el peso mexicano acumuló una apreciación de 2.86% frente al dólar y cerró junio alrededor de 17.50 pesos por dólar. Para una empresa que factura en dólares, este movimiento puede traducirse en menores ingresos al convertir el pago a moneda nacional.
A ello se suman procesos regulatorios más estrictos, como las validaciones bancarias Know Your Customer (KYC) y Anti-Money Laundering (AML), revisiones fiscales, conversiones de divisas y otros controles que pueden retrasar la disponibilidad de los recursos y elevar los costos administrativos.
Para Marco, facilitar el acceso a liquidez, simplificar las operaciones internacionales y reducir la complejidad regulatoria será determinante para que las pymes mexicanas puedan aprovechar el crecimiento del comercio con Estados Unidos sin que sus problemas de flujo de efectivo limiten su capacidad de expansión.
Para los directivos financieros de empresas exportadoras, el mensaje central es claro: la competitividad ya no depende únicamente de la capacidad de vender en el extranjero, sino de contar con estrategias de gestión de tesorería, coberturas cambiarias y alianzas con plataformas financieras especializadas que permitan convertir el crecimiento comercial en liquidez real y oportuna.